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Fertilizantes orgánicos y biológicosCultivos extensivosEnsayos

Por Matías Daud · Fundador de Ecoganic · 12 de agosto de 2026

Suelos salinos y sódicos: 12 millones de hectáreas y lo que midieron dos ensayos independientes

Suelos salinos y sódicos: 12 millones de hectáreas y lo que midieron dos ensayos independientes

Nota editorial: Los datos de referencia mencionados en este artículo son orientativos. Los resultados varían según el suelo, la región y el manejo del cultivo. Consultá con nuestro equipo técnico para un programa personalizado.

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El primer inventario nacional de salinización, elaborado por el INTA junto con la FAUBA, registró 110 millones de hectáreas afectadas por sales en Argentina —el 38 % de la superficie del país—, de las cuales 12 millones están en la zona húmeda y subhúmeda de la región chaco-pampeana: Pampa Inundable, Pampa Interior y Bajos Submeridionales. Sobre qué hacer, dos ensayos aportan datos medidos. En Holden Research (California, 2015), bajo riego salino, el programa Ecoganic alcanzó un 46 % de fruta comercializable frente al 35 % del programa del productor con la misma agua salada, y el informe declara que esas diferencias sí fueron estadísticamente significativas. En Rutgers University (2020), bajo 150 mM de cloruro de sodio, igualó al fertilizante convencional 46-0-0 en nitrógeno en tejido. Y hay una consecuencia práctica que conviene tener presente: un extracto de alga marina aporta sal; una microalga de agua dulce, no.

¿Cuánta superficie argentina tiene problemas de sal?

Más de la que se suele suponer. El primer inventario nacional de salinización de suelos, elaborado por el INTA junto con la Facultad de Agronomía de la UBA, registró alrededor de 110 millones de hectáreas afectadas por sales: el 38 % de la superficie del país. Considerando solo los primeros 30 centímetros del perfil, son 770.403 km² de suelos salinos, sódicos o salino-sódicos, un 27,6 % del territorio.

Ese número asusta pero puede engañar, porque buena parte está en zonas áridas donde nunca se sembró. El dato que importa al productor es otro: en la zona húmeda y subhúmeda de la región chaco-pampeana hay 12 millones de hectáreas afectadas por sales o por sodio. Eso ya es campo productivo o campo que podría serlo.

Se concentran en tres grandes áreas:

  • La Pampa Inundable, en la provincia de Buenos Aires, incluida la depresión del Salado.
  • La Pampa Interior, repartida entre Buenos Aires y Córdoba, con el oeste bonaerense y la cuenca del Río Quinto.
  • Los Bajos Submeridionales, en el sur de Chaco y el centro-norte de Santa Fe.

A esa lista hay que sumarle el sudeste de Córdoba, que es donde tenemos nuestra planta, en Sinsacate. No es un problema que veamos de lejos.

Superficie afectada por sales en Argentina: 110 millones de hectáreas, 38 % del país, de las cuales 12 millones están en la región chaco-pampeana húmeda
Inventario de salinización de suelos del INTA y la FAUBA. Los 12 millones de hectáreas de la región húmeda son los que discute este artículo.

¿Por qué la sal baja el rendimiento?

Por tres caminos distintos, y conviene separarlos porque no se corrigen igual.

El primero es osmótico. Una solución del suelo cargada de sales retiene el agua con más fuerza, de modo que la planta tiene que gastar más energía para extraer la misma cantidad. El cultivo se comporta como si estuviera en sequía aunque el perfil tenga humedad. Es la sequía fisiológica: el agua está, pero no está disponible.

El segundo es de toxicidad iónica. El sodio y el cloruro entran en la planta y se acumulan en el tejido, donde interfieren con la absorción de otros nutrientes —potasio y calcio, sobre todo— y con la fotosíntesis. Aquí el daño no es por falta de agua sino por exceso de un ion concreto.

El tercero es estructural, y es el más traicionero. El sodio en el complejo de intercambio dispersa los agregados del suelo. La estructura se cierra, la infiltración cae, aparece el encostrado superficial y el agua de lluvia queda arriba en vez de entrar. Un suelo sódico puede tener buena fertilidad química y aun así no dejar que la raíz prospere. Por eso en estos lotes el desarrollo radicular es la variable que más conviene mirar.

De ahí que la pregunta correcta no sea «cómo saco la sal» —eso es enmienda, yeso y drenaje, y es otro trabajo— sino «cómo hago para que el cultivo produzca mientras la sal sigue ahí».

¿Qué números hay que mirar en el análisis?

Antes de comprar nada conviene saber cuál de los tres problemas tenés, porque el tratamiento cambia. Se resuelve con dos números de un análisis de suelo corriente, y la clasificación es la del Laboratorio de Salinidad del USDA, que es la que usa todo el mundo:

Tipo de sueloCE del extracto de saturaciónPSI / RASQué pasa
Normal< 4 dS/mPSI < 15 %Sin limitación por sales.
Salino> 4 dS/mPSI < 15 %Problema osmótico y de toxicidad. La estructura del suelo se conserva. Es el caso más fácil: lava con agua de buena calidad y drenaje.
Sódico< 4 dS/mPSI > 15 % o RAS > 13La estructura se dispersa. Infiltración baja, encostrado, raíz limitada. Necesita enmienda cálcica, no lavado.
Salino-sódico> 4 dS/mPSI > 15 %Los dos a la vez. 🚨 Si lavás sin aportar calcio primero, la sal se va y el sodio queda solo: el suelo se vuelve sódico y empeora.

Clasificación del Laboratorio de Salinidad del USDA. CE = conductividad eléctrica del extracto de pasta saturada. PSI = porcentaje de sodio intercambiable. RAS = relación de adsorción de sodio.

Clasificación de suelos por conductividad eléctrica y porcentaje de sodio intercambiable: normal, salino, sódico y salino-sódico
Dos números del análisis y sabés en qué cuadrante estás. El tratamiento de fondo es distinto en cada uno.

La trampa está en el cuarto cuadrante, y es un error que se comete con frecuencia. En un suelo salino-sódico, lavar sin aportar calcio antes es contraproducente: al irse las sales solubles baja la concentración de la solución, el sodio adsorbido pasa a dominar el complejo de intercambio y el suelo, que era salino-sódico, se convierte en sódico puro. Estructura dispersada, infiltración perdida, y un problema más caro de revertir que el original.

Nada de lo que discutimos en este artículo reemplaza ese diagnóstico. Un bioestimulante no baja la CE ni el PSI. Lo que puede hacer —y es lo que midieron los ensayos— es sostener al cultivo mientras el suelo sigue siendo el que es.

¿Qué midió Holden Research con agua de riego salada?

De todos los ensayos que publicamos, este es el que tiene el diseño más exigente, y por eso lo ponemos primero. Lo condujo Holden Research and Consulting en Ventura County, California, durante la campaña de 2015. Investigador: David Holden. Director de estudio: Steve Trotter.

Lo que lo hace sólido es que incluye un control de sal. No compara producto contra nada: compara cuatro tratamientos sobre frutilla variedad Portola, en diseño completamente aleatorizado con seis repeticiones, analizado por test de rangos múltiples de Duncan al 90 % de confianza:

  • El programa habitual del productor sin sal añadida al agua.
  • El programa del productor con sal añadida, como control de estrés salino.
  • El programa del productor + acidificante Ecoganic, con sal.
  • El programa del productor + acidificante + bioestimulante universal, con sal.

Es decir: se sabe exactamente cuánto daño hizo la sal, porque hay un tratamiento que la sufrió sin ninguna ayuda. Estos son los resultados:

ParámetroPrograma del productorCon EcoganicDiferencia
Fruta comercializable sobre el total cosechado, bajo riego salino35 %46 %+11 puntos
Retorno neto, misma agua salina (USD/acre)4.5055.329+824
Retorno neto frente al testigo sin sal (USD/acre)4.9545.329+375
Peso medio de fruto comercializable (g)21,922,3+0,4

Holden Research and Consulting, Ventura County, California (EE. UU.), 2015. Ensayo 15frtclstraw01. Diseño completamente aleatorizado, 6 repeticiones, test de Duncan al 90 %. Frutilla Portola en contenedor de 2 litros, vivero de ambiente controlado. Cosechas del 16 de febrero al 5 de junio. No conducido bajo GLP ni GEP. Ver ficha completa →

Bajo riego salino, el programa Ecoganic alcanzó un 46 % de fruta comercializable frente al 35 % del programa del productor, con 824 dólares por acre de diferencia
Holden Research, 2015. Bajo la misma agua salada, una de cada tres frutillas del testigo no llegó a comercializarse.

Dos cosas merecen subrayarse. La primera: el informe declara que las diferencias en fruta comercializable sí fueron significativas. Es distinto de lo que ocurre en nuestros ensayos de nitrógeno, donde el resultado es de no inferioridad y lo decimos con esas palabras. Aquí hay diferencia medida y declarada.

La segunda es la masa radicular. El programa completo bajo sal produjo una masa de raíz y de planta entera significativamente mayor que todos los demás tratamientos, incluido el testigo que nunca vio sal. Es coherente con el tercer mecanismo que describimos antes: donde el sodio cierra la estructura y castiga la raíz, sostener el sistema radicular es la mitad del trabajo.

Y una lectura económica que conviene entender bien. La diferencia grande —los 824 dólares por acre— no viene de cosechar más kilos: viene de que una proporción mucho mayor de lo cosechado se pudo vender. Bajo sal, el testigo tiró más de una de cada tres frutillas. Ese es el costo real de la salinidad y casi nunca aparece en la planilla, porque se contabiliza como descarte, no como pérdida de rendimiento.

¿Qué le pasa al nitrógeno cuando hay sal?

Que se absorbe peor. Y ahí entra el segundo ensayo, conducido en Rutgers University por Bingru Huang y William Errickson en 2020. Compararon el nitrógeno de Ecoganic contra un fertilizante convencional 46-0-0 sobre solución nutritiva Hoagland al 50 %, induciendo estrés salino con 150 mM de cloruro de sodio. El análisis de tejido lo hizo un laboratorio externo, Brookside Laboratories.

Nitrógeno en tejido medido por Rutgers University: Ecoganic 3,61 % frente a 3,57 % del 46-0-0 bajo estrés salino, y por debajo en agua dulce
Rutgers University, 2020. La relación se invierte justo cuando entra el cloruro de sodio.

El detalle interesante no es la magnitud, que es pequeña, sino dónde cambia el signo. En agua dulce, a día 21, el convencional quedó por encima: 3,00 % frente a 2,92 % de nitrógeno en tejido foliar. Con cloruro de sodio en el medio, a día 42, la relación se dio vuelta: 3,61 % frente a 3,57 %, y en tejido radicular 1,17 % frente a 1,14 %.

Hay que ser honesto con lo que esto vale: el informe no declara repeticiones ni test estadístico. Son valores medidos de una comparación de productos, no una inferencia. Lo publicamos con esa advertencia en la ficha del ensayo. Pero apunta en la misma dirección que el trabajo de Holden y que lo que se sabe de la fisiología: cuando la sal compite, una fuente de nitrógeno que la planta puede incorporar en forma orgánica tiene menos que perder que una que exige reducir nitrato con energía que el cultivo estresado no tiene de sobra.

¿Por qué un extracto de alga marina es mala idea en un lote con sodio?

Esta es la parte incómoda para buena parte de la categoría, y hay que decirla con cuidado porque no es una descalificación: los extractos de Ascophyllum nodosum son productos con historia, con literatura y con resultados en muchos contextos.

Pero son de origen marino. Un alga que crece en el mar acumula los iones del mar, y el extracto los arrastra: sodio, cloruro y potasio en cantidades que no son despreciables. En la mayoría de los lotes eso da igual. En un lote que ya tiene un problema de sodio, estás agregando una parte de exactamente aquello que querés reducir.

Las microalgas de agua dulce con las que trabaja Ecoganic —Chlorella y Scenedesmus, cultivadas en fotobiorreactor— no tienen ese problema por definición: crecen en agua dulce y no hay sal marina en el medio de cultivo. La comparación completa está en microalgas frente a algas marinas.

Es una diferencia que en la pampa húmeda no cambia nada, y que en la depresión del Salado o en el oeste bonaerense puede cambiar bastante. Si tenés un análisis de agua con sodio alto, es la primera pregunta que le haríamos a cualquier producto que estés evaluando, incluido el nuestro: ¿qué aporta de sodio y de cloruro por hectárea a la dosis de etiqueta?

¿Cuánto vale recuperar fruta o grano comercializable?

El ensayo de frutilla da una cifra concreta —824 dólares por acre— pero es de un cultivo intensivo en California, y trasladarla sin más a un lote argentino sería deshonesto. Lo que sí se traslada es la lógica del número, y esa lógica es la que conviene entender.

En un lote con problemas de sal, la pérdida rara vez se ve como «rindió menos». Se ve como:

  • Manchones que no cierran. Superficie sembrada, fertilizada y pulverizada que no devuelve nada.
  • Calidad que castiga el precio. Grano chuzo, calibre fuera de norma, descarte en fruta y hortaliza.
  • Implantación despareja. Semilla y labores pagadas sobre plantas que nunca llegaron.

Los tres se contabilizan mal. El manchón se promedia en el rinde del lote y desaparece; el descarte se anota como calidad, no como pérdida; la mala implantación se atribuye al clima. Por eso los lotes salinos suelen ser menos rentables de lo que el productor cree: el daño está repartido en tres renglones distintos y ninguno lleva la etiqueta «sal».

El ejercicio útil, antes de comprar nada, es el siguiente: separá en el mapa de rendimiento del monitor la superficie que sistemáticamente rinde por debajo, campaña tras campaña, en el mismo sitio. Multiplicá esas hectáreas por la diferencia de rinde frente al resto del lote y por el precio del grano. Ese número es tu techo: es lo máximo que podría recuperar cualquier intervención, la nuestra incluida. Si es pequeño, no gastes. Si es grande, ya sabés cuánto podés invertir en probarlo.

¿Cómo se prueba esto en un lote salino?

Con una diferencia importante respecto de un ensayo normal: en un lote salino la variabilidad espacial es enorme, y ese es justamente el problema. Si ponés el tratamiento en la parte buena y el testigo en el manchón, vas a «demostrar» cualquier cosa que quieras.

La regla, entonces:

  • Ensayá dentro del manchón, no alrededor. Franjas que atraviesen la zona afectada de lado a lado, para que testigo y tratamiento compartan el mismo gradiente de sal.
  • Medí la conductividad eléctrica antes de sembrar, en los mismos puntos donde vas a cosechar. Sin ese dato no sabés si comparaste lo comparable.
  • Repetí el par testigo-tratamiento al menos tres veces dentro del manchón. Una sola franja no dice nada en un ambiente tan variable.
  • Cosechá y pesá por franja, y anotá también la calidad, no solo el rinde. Ya vimos que en ambientes salinos el dinero se pierde tanto en el descarte como en el kilo.
  • Dos campañas antes de decidir nada, como en cualquier ensayo serio.

Estamos montando un protocolo propio de ensayo en cultivos extensivos argentinos, con testigo, repeticiones y análisis estadístico, y los ambientes salinos son uno de los escenarios que queremos cubrir. Si tenés un lote con problemas de sodio y te interesa que sea uno de los sitios, escribinos: nos sirve tanto como a vos.

Podés ver el planteo general en salinidad y sodio, y cómo encaja en soja, maíz y trigo.

Qué no dicen estos ensayos

La lista completa, porque es la única forma de que lo anterior valga algo:

  • No se hicieron en extensivos argentinos. Frutilla en contenedor de 2 litros bajo vivero, y un modelo de césped en solución nutritiva. Ninguno es un lote de soja en el Salado.
  • No reducen el cloruro en el tejido. Y esto merece un párrafo aparte, más abajo.
  • No se observó efecto sobre la absorción de sodio en el ensayo de frutilla.
  • El informe de Rutgers no declara repeticiones ni test estadístico. Es una comparación de productos, no una inferencia.
  • Esto no reemplaza la enmienda. Si el problema es sodio en el complejo de intercambio, el yeso y el drenaje siguen siendo el tratamiento de fondo. Lo que discutimos acá es cómo producir mientras tanto.

Sobre el cloruro, con todas las letras: el informe original de Holden contiene anotaciones internas que hablan de una reducción de cloruro en tejido. La tabla de análisis foliar del propio documento muestra lo contrario: el testigo sin sal midió 0,92 % de cloruro y los tratamientos con sal 1,23 %, 1,11 % y 1,01 %. No publicamos ninguna reducción de cloruro en tejido, porque los datos del ensayo no la sostienen. Lo dejamos escrito aquí y en la ficha para que nadie lo cite mal, ni siquiera nosotros.

Y una observación del propio informe que vale más que muchos resultados: el cultivo de aspecto más vigoroso no fue el más rentable. El vigor visual y el retorno económico no coincidieron. Es un buen recordatorio para cualquiera que evalúe un producto mirando el lote desde la camioneta.

Dónde estamos parados

Ecoganic lleva veinte años trabajando con microalgas de agua dulce en Europa, desde Málaga, y en 2025 constituimos ECOGANIC S.A.S. en Sinsacate, Córdoba, para producir y vender en Argentina. Publicamos veintiséis ensayos enteros, con lo que salió bien y con lo que no alcanzó significación estadística, porque en una categoría donde abundan las promesas nos parece la única forma de que un dato valga algo.

Sobre suelos salinos tenemos dos ensayos con metodología publicada y ningún ensayo argentino todavía. Estamos trabajando en eso. Si querés discutir el planteo de un lote con problemas de sodio, hablemos.

La evidencia detrás de esto

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